Isidoro Vegh (Buenos Aires)
Supe que habitabas en mi cuando interrogué tu ausencia.
Nemer lbn el Barud
Así dice el aforismo, la insoluble resolución que al melancólico aqueja.
¿Qué sombra, de qué objeto anuncia; quién padece de su carga?
Objeto de amor, la alianza narcisística que implica, supone que la pérdida del ser amado, bién podría arrastrar en su caída, al amante.
Respuesta que no alcanza a las cuestiones que a esta dimensión imaginaria rebasan: el sinsentido de la vida que el melancólico sufre, la ausencia de algún interés, aún de cualquier apetito, como la queja y los reproches que se dirije sin ser menos sufrimiento de su entorno.
"Todo estaba en su objeto de amor", podría ser la respuesta a la serie de los fenómenos que la clínica recoge si una objeción no adviertiera: ¿qué determina esa absorción por el objeto de amor, qué es este "todo" que aquel atrapa? Por otra vía, es en el Otro de amor donde el sujeto busca y por eso ama, el objeto que causa su deseo. Otro que sostiene y guarda el bien preciado y con razón, por el sujeto.
Es que lo que ama es de su ser. Objeto a lo llamó Lacan, es lo que el Sujeto encuentra cuando enfrenta su carencia en la relación al Otro.
"El objeto a es ese objeto que sostiene la relación del sujeto con lo que este no es en tanto no es el falo" (2)
Cuando el Otro al que hacia falta se pierde, el objeto a que el Otro guardaba -y al que el Sujeto se identificaba-, pierde su cubierta y retorna con su valor: sombra de lo que fue, revela su valor de nada, que sólo valía por su función cuando hacía nudo.
Objeto que se produce entre el sujeto y el Otro, en su entrecruzamiento, que en la escritura nodal se escribió así:

Sombra del objeto, diferencia su destino del objeto que en el Otro sostiene la relación de amor como causa del deseo y objeto de la pulsión (4), y del objeto que cae cuando el Otro se pierde (duelo logrado).
Sombra del objeto, recae sobre el sujeto a quién deja en el eclipse mayor del Otro:
a) Otro que reprocha y retorna como crueldad obsena del superyo;
b) reproche que se dirige al Otro que ya no sostiene, en lo real, el lugar que asegura al sujeto por su ser.
En el modelo óptico (5) -ver figura (1)- cuando el Otro (espejo plano) rota su posición y cae la parada vertical que restringe al sujeto al desconocimiento imaginario, la caída también le advierte, al otorgarle otra posición, la estructura que lo determina. Saber que alcanza desde el lugar del Ideal.
Lugar del Ideal que no funciona del mismo modo si el Otro rota o no.
He aquí la condición del impasse en que el melancólico resta: la falta que el Otro no soporta (no rota por lo cual no "pierde" la imagen virtual i' (a) que en $1 es "todo" lo que el sujeto alcanza), retorna al sujeto cuando el Otro en lo real se pierde, como falta, pecado que lo ensombrece.
Impedida la operación que sitúe al Ideal secundario a la rotación (*) (Otro sostén de la falta), queda fundido con el Yo-ideal lo que le dá su clínica de pérdida insoportable: perdido el Ideal, el sujeto se pierde.
Clínica de desesperanza, la imagen se arrastra, no hay espejo (Otro) que invite al arreglo, no hay Otro que despierte al apetito: anorexia de la tristeza.
Error del mal-decir, desconoce la distancia entre el Ideal y el objeto.
Tristeza que Spinoza describe como error, ignora que la esencia del hombre es el deseo al cual un objeto causa en su máxima diferencia con el Ideal.
Error que el Otro sostiene por el duelo que no soporta: en Hamlet, la gran tragedia del duelo apurado, la pila de muertos que el final amontona, retorna en lo real, la falta que se reniega: la madre de Hamlet no soporta el duelo del falo ("el rey ha muerto") y Hamlet se rinde al obsceno apetito del Otro que a su madre habita: sólo mata al falo que Claudio encarna, muriendo él, de la misma espada.
Cuando del ghost, el fantasma de su padre, recibe el saber velado que dice lo insaciable del Otro, la mujer como ideal se derrumba (6) y su pérdida en lo real lo deja hecho jirones:
"Ofelia. -Mientras cosía en mi cuarto, señor, su alteza Hamlet, todo abierto el jubón y sin sombrero, descompuesto y sin liga su calzado sobre los pies caído, con el rostro cual la cera, temblando sus rodillas, con tan triste expresión en su mirada cual si salido hubiera del infierno, a hablar de sus horrores se presenta". (7)
Ofelia (oh, falo), se pierde como mujer amada, nido de amor que guardaba el objeto de sus anhelos; Hamlet cual sombra errante se arrastra en el suspenso que sufre el desvío de su deseo (8) que reencuentra cuando acude al cuerpo muerto de Ofelia y desciende a la fosa de su amada: el objeto causa del deseo que re-encuentra (9) en lo real, anuda la estructura por el tiempo suficiente para que el acto se cumpla: Hamlet realiza la venganza de la impía muerte de su padre, el acto que desde el comienzo lo aguardaba.
De una vida sin sentido -cuando el sujeto pierde las balizas del deseo- al acto que culmina el destello del reencuentro, va la diferencia entre la muerte en vida del melancólico sin esperanza y el sujeto que arriesga en el camino de sus marcas.
La diferencia es el objeto (a lo llamó Lacan) que en el duelo incumplido del melancólico, pierde su lugar en el Otro y persiste como sombra en el sujeto.
La pérdida imposible arrastra en el paroxismo restitutivo al pasaje al acto cuando el acto suicida intenta la caída de esa sombra que el sujeto es.
Suicidio que tiene su valor: último intento de alcanzar el corte (con el objeto), que el sujeto no logra (10)
Imposible trabajo de duelo, trabada recomposición significante que responda a una pérdida en lo real.
Que reclama de lo simbólico, el significante que la cubra: su falta inicia el trabajo de duelo, que si se logra, bordea el agujero real y transforma la falta de objeto en el advenimiento propiciatorio del objeto-falta.
Que la clínica recoge del fin de análisis: depresión que acompaña la destitución subjetiva y el "desêtre" del analizante y el analista (11) y dice de una ética que pide un pase: el analista, como Hamlet, sabe desde el comienzo el acto que lo aguarda; también que es de su caída que reclama el precio.
Final del análisis descubre al sujeto la topología sin interior ni exterior; que el campo del Otro guarda el objeto del goce que la inexistencia del Otro no se evidencia sino cuando del objeto su caída se consuma.
Mayo de 1985
(1) Freud, Sigmund: Duelo y melancolía en Obras Completas. XIV. Amorrortu Editores. Bs. As., 1979, Pag. 246.
(2) Lacan, Jacques: Seminario El deseo y su Interpretación. Clase del 29 de abril de 1959.
(3) Lacan, Jacques: La Tercera. en Actas de la Escuela Freudiana de Paris. Ed. Petrel Barcelona. 1980, Pag. 182.
(4) "Porque te amo busco en tí algo más que tí".
(*) Diferencia entre I (o) y el A como lugar del superyó.
(5) Lacan, Jacques: Remarque sur le rapport de Daniel Lagache: "Psychanalyse et structum re de la personnalité". en Ecrits. Ed. du Seuil, Paris, 1966. Pag. 680.
(6) "Lo mujer es todo en tanto madre".
(7) Shakespeare, William: Hamlet (en sus tres versiones) Introducción de Pedro Henríquez Ureña. Ed. Losada. Bs.As. 1982. Pag. 44/45
(8) El enigma de los críticos: ¿Por qué Hamlet no concluye su venganza?
(9) Como el obsesivo, cuando el objeto es Imposible: Ofelia muerta.
(10) Verecken, Christian: A propos des psychoses, en Actes de L´Ecole de la Cause Freudienne. Paris. Février 1982.
(11) Lacan, Jacques: Proposition du 9 octobre 1967 sur lo psychanalyste de l´Ecole. en Scilicet 1. Ed. du Seuil Paris 1968. Pags. 23 y 251.
Fuente: IMAGO Nro.13 LA MELANCOLIA