Depresión y Subjetividad. Tesis (*)

Capítulo 1 La antigüedad

Cabaleiro Ana Paula.
Fernandez Mugetti Guillermina.
Saenz María Paula.

La teoría de los humores

            El término melancolía es la traducción latina del griego y tenía dos acepciones.  Por un lado desorden mental, caracterizado por un prolongado estado de miedo y tristeza, y se usaba a veces en el lenguaje popular para expresar una conducta loca o nerviosa. Por otro lado, en la Grecia Antigua se trataba de una expresión que se ha traducido al latin como “atrabilis”, y a las lenguas vernáculas como bilis negra.

            Recorriendo la bibliografía verificamos que en la historia de la bilis negra hay un antes y un después respecto a la Teoría humoral o de los humores, formulada por Hipócrates (460 - 380 A.C.), siendo el fundamento de la melancolía durante más de 1500 años.  Ya en el siglo V a.c., la sangre, la bilis amarilla y la flema estaban establecidos como los tres humores en cuyo equilibrio se sustentaba la idea de salud, mientras que la enfermedad era la ruptura de ese equilibrio, y estaba enraizada en la naturaleza del hombre. Hasta aquí, la bilis negra era considerada como un producto tóxico, una desviación de los considerados humores naturales antes citados, y más especificamente, como una degeneración de la sangre y la bilis amarilla. Si bien es dificil relacionarla con cualquier sustancia conocida hoy, Sigerist sugiere que:

            “...en este como en otros casos, los griegos basaron sus teorías sobre la observación. Sabemos que las deposiciones de pacientes de úlceras gástricas sangrantes son negras, como también lo son a veces las sustancias que devuelven los pacientes con carcinoma de estómago. Hay una forma de malaria que aún hoy se conoce como “fiebre del agua negra” porque la orina se hace más oscura. Observaciones similares pudieron haber conducido a la idea de que la bilis amarilla normal podía convertirse en negra debido a la corrupción...”[1]

            Se creía que esta extraña sustancia era la causal de múltiples enfermedades que iban del dolor de cabeza, vértigo, paralisis, espasmos, epilepsia y otros desórdenes mentales, a las fiebres cuartanas, las enfermedades del riñón, el hígado y el bazo. 

            Con Empédocles, surgió la idea de que en el curso de las estaciones, cada una de estas cuatro sustancias tomaba su primacía. Pero como habíamos anticipado, es Hipócrates, en su libro “De la naturaleza del hombre”, quien cambia de estatuto a la bilis negra incluyéndola en la lista de los humores naturales básicos del cuerpo. Además, integra en una teoría los conocimientos hasta entonces dispersos. Relacionó los cuatro humores con las estaciones del año y sus cualidades climáticas, lo cual determinaba los temperamentos del hombre:

                        Humor                       Estación                               Cualidades

                        Sangre                      Primavera                            Templado y húmedo

                        Bilis amarilla            Verano                                 Caliente y seco

                        Bilis negra                 Otoño                                   Frío y seco

                   Flema                    Invierno                          Frío y húmedo

Recopilemos entonces los distintos sentidos que hasta aqui tiene el término bilis negra:

1.      Un humor natural, “...la sangre de la madre la contiene, al nacer el niño la transmite”[2]

2.  Una enfermedad, a la que Hipócrates define así: “Si el miedo y la tristeza duran mucho, es melancolía”[3]

            Estas dos significaciones que adquiere desde Hipócrates, conviven además con las ya establecidas:

3.  Las diversas enfermedades corporales antes citadas, llamadas melancólicas.

4. El temperamento melancólico, que no necesariamente era una enfermedad, aunque predisponía a ella.

            Con su concepción causalista de la enfermedad, Hipócrates constituyó lo que se denominó Escuela Dogmática, en contra de cuyos postulados surgió lo que se denominó la Escuela Empírica, que sin miramientos por las causas, sólo consideraba a la experiencia directa  y a la curación por analogía de casos. 

            Surgió luego la Escuela Metodista que incluía aspectos de las dos anteriores. Tenía como fundador a Asclepíades (100 a.c.), cuyas ideas se conocieron a través de Celio Aureliano.  Al igual que la Empírica, esta escuela no consideraba las causas en tanto las entendía como ocultas y debiendo permanecer así. Vinculaba toda enfermedad con estados de relajación, compresión o mixtos.

            Sorano de Efeso (100 d.c.) fue el médico más famoso de esta escuela y rechazaba la teoría humoral postulando

 “...que el nombre no deriva como creen muchos, de la idea de que la bilis negra es la causa de la enfermedad, sino que enn realidad parte del hecho de que frecuentemente el paciente devuelve bilis negra” [4] .

Describía a la melancolía y la manía como enfermedades crónicas sin fiebre y las asociaba a la frenitis en tanto las consideraba “pérdida de la razón”. Los siguientes eran los por él considerados signos de la melancolía:

 “...angustia mental, aflicción, silencio, animosidad hacia los miembros de la familia, a veces un deseo de vivir y otras un deseo vehemente de morir, sospechas por parte del paciente de que se está tramando algo contra él, llanto sin razón, murmullos incomprensibles, y de nuevo, jovialidad ocasional: distención precardíaca, sobre todo despues de las comidas, frialdad en los miembos, sudor suave, dolor agudo en el esófago o el corazón..., pesadez de cabeza, tez verdosa-negruzca o algo azulada, cuerpo delgado, debilidad, indigestión con eructos con mal olor: retorcijones: vómitos a veces sin hechar nada y otras con sustancias amarillas, rojizas o negruzcas; descargas similares por el ano.” [5]

            En el tratamiento el objetivo era conseguir la relajación del estado de constricción, estado físico que producía síntomas mentales. Sin embargo, también proponía medidas psicológicas que se referían a un cambio en el ambiente inmediato del enfermo. Vemos así como si bien destituye a la bilis negra del lugar de la causa, el fundamento de la enfermedad continuaba en la línea biologicista que se venía desarrollando, agregando ahora, y coherente con lo anterior, prescripciones ambientalistas, con lo cual se sigue negando la etiología psíquica.

            Contrapuesta a la Escuela Metodista, que se sustentaba en la línea filosófica de Epicúreo, denominada Escuela del Jardín, surgió la Escuela Neumática, basada en otra tradición filosófica: el Estoicismo, que si bien divergía con las concepciones de la anterior, tenía en común con ella un énfasis particular en el tratamiento de las pasiones, que más adelante abordaremos. Por el momento, resaltamos que la pasión aparece como tema en la filosofía, siendo secundarizado en la medicina y en la mayoría de los casos no problematizado, tomando como eje de interés a los humores.

            La Escuela Neumática, recibe este nombre por considerar que el pneuma, producto refinado del aire exterior, circula por el cuerpo humano y le da salud cuando el estado de tensión es óptimo. Dicha tensión, será medida por el pulso.

            Rufo de Efeso (siglo II),  representante de esta escuela, tuvo gran incidencia en el pensamiento médico, ya que su obra fue retomada por Galeno y los árabes del S. IX. Fue probablemente el primero que asoció la melancolía con un grado limitado de locura: Afirmaba que quienes la padecían estaban abatidos, tristes y llenos de miedos. Sus signos principales eran el miedo y la duda como única idea engañosa y el resto normal. Decía que

 algunos sienten ansiedad con los ruidos fuertes, otros desean estar muertos, otros tienen la manía de lavarse, otros sienten aversión hacia cualquier comida o bebida, o detestan este o aquel tipo de animal y finalmente otros creen haber tragado culebras y similares”. [6

Enumeraba varias ideas ilusorias que serían la base de las descripciones posteriores. Decía sin embargo, que además algunos tenían el don de la profecía; aludía a una tendencia al suicidio y como rasgos físicos enumeraba: ojos saltones, labios adelgazados, oscurecimiento de la tez, crecimiento del vello y nombraba además dificultades de lenguaje.

Este autor introduce gran heterogeneidad en la descripción clínica, y este rasgo tendrá continuidad en todos los posteriores. Consideraba a la melancolía como uno de los rasgos intrínsecos de la vejez siendo más corriente en los hombres y afirmaba que el mucho pensar y la mucha tristeza producían melancolía. Tambien trascenderá esta consideración por el trabajo intelectual como factor etiológico, siendo sin embargo el central la bilis negra. Otro aporte que según Jackson se atribuye a este autor es la idea de “melancolía adusta” a diferencia de la melancolía natural que ya estaba establecida como producida por un temperamento melancólico congénito. El nuevo tipo, llamado también melancolía antinatural, cólera ardiente y bilis negra ardiente, se originaría en un factor no natural que afectaba al cuerpo, como por ejemplo la mala dieta o las pasiones inmoderadas y se produciría por un excesivo calentamiento de otros humores del cuerpo que producirían entonces la bilis negra. Aparentemente entonces, se introduce la pasión como causa en el campo de la medicina pero con un lugar muy particular que retomaremos al hablar de los seis antinaturales.

            Finalmente, la escuela más importante de la antiguedad grecolatina fue la Ecléctica, cuyos representantes fueron los iniciadores de la historia de la medicina: Celso, y Areteo de Capadocia (siglo I), Galeno (siglo II), Celio Aureliano (sigloIII) y Alejandro de Tralles (siglo IV) último autor considerado antiguo. Cada uno de ellos produjo penetrantes descripciones clínicas que quedarán establecidas como las clásicas de este período histórico. Veamos algunas de ellas: 

            Celso (30 ): Su descripción médica de la melancolía apareció en su libro “De medicina”. No utilizaba sistemáticamente ninguna teoría, pero en sus ideas se veían rastros de la teoría de los humores:

 “La enfermedad de la bilis negra sobreviene en casos de desánimo prolongado acompañado por miedo e insomnio. Es una forma de locura que se inicia sin fiebre y parece producida por la bilis negra [7]

Son interesantes algunas recomendaciones en torno al tratamiento que se regía en primer lugar por la sangría, abstinencia y limpieza por vómito,

 “...los movimientos han de ser suaves, excluir las causas de susto; incitar en cambio a la esperanza; buscar el entretenimiento por medio de historias contadas y juegos...su trabajo, si hace alguno, habrá de ser alabado y exhibido ante sus propios ojos; se le reprobará dulcemente su depresión haciendole ver que no tiene causa alguna; deberá señalársele una y otar vez que las muchas cosas que le atormentan pueden ser causas de regicijo más que de preocupación” [8] .

            Creemos que se reitera aquí un supuesto que ya había aparecido en recomendaciones similares de otros autores: que es posible, mediante cambios en el medio ambiente del melancólico y un trabajo paciente y continuo de contradiccion de sus ideas, operar favorablemente sobre su conciencia logrando extirpar lo que se considerarían sus “ideas incorrectas”. Esta premisa aparece aqui y perdura a lo largo de los siglos hasta los albores de la psiquiatría clásica donde, reforzada por una ideología racionalista, se hace aún más evidente. Es recién con Freud, a partir del descubrimiento del inconsciente, que este tipo de tratamiento cae por su propio peso y comienza a tenerse en cuenta otra dimensión de la palabra, por fuera de la sugestión. 

            Areteo de Capadocia (150) incluye un capítulo de melancolía en “De las causas y síntomas de las enfermedades crónicas”. Así la describe:

 “...una caída del espíritu como única fantasía, sin fiebre: ...se trastorna el entendimiento... en los melancólicos que se ven llenos de tristeza y desesperación... pero no todos los afectados por las melancolía se ven afectados en la misma forma, sino que unos temen ser envenenados, otros huyen al desierto por misantropía, o se vuelven supersticiosos o les entra el odio por la vida.” [9] 

            Según Jackson, probablemente este autor fuera el primero en sugerir la íntima relación existente entre la melancolía y la manía, diciendo que “me parece que la melancolía es el comienzo y una parte de la manía” [10] .

“Se cuenta la historia de que una determinada persona, con una enffermedad incurable, se enamoro de una joven y mientras que los medicos no podian hacer nada para mejorarlo, el amor lo curo. Pero, en mi opinión, lo que ocurría era que él ya estaba enamorado yque se encontraba afligido y sin ánimos porque no tenía exito con la jove, pareciendo melancólico a la gente común. No sabía que era por el amor, pero cuando comunicó su amor a la chica, cesó su pesadumbre y desapareció su pasión y su tristeza; despertando con alegría de su bajo espíritu, recuperando su entendimiento, habiendo sido el amor su medico.”  [11] 

Es llamativa además, la descripción que hace de un estado de aflicción profunda para diferenciarlo de la melancolía en tanto volvemos a encontrar, al igual que en Hipócrates, el importante lugar del tiempo de estabilidad de los síntomas como rasgo principal para definir la enfermedad. 

Galeno es el médico más importante de la antiguedad grecolatina, su obra será la que más trascenderá en los siglos venideros. Retomando rasgos ya presentes en las teorizaciónes anteriores, su descripción de la melancolía es sumamente polimórfica:

            “Normalmente se ven acosados por el miedo aunque no siempre se presentan el mismo tipo de imágenes sensoriales anormales...Aunque cada paciente melancólico actúa bastante diferente que los demás, todos ellos muestran miedo o desesperación. Creen que la vida es mala y odian a los demás, aunque no todos quieren morirse. Para algunos, el miedo a la muerte es la preocupación fundamental durante la melancolía. Otros, bastante extrañamente, temen la muerte a la vez que la desean. Tambien Hipócrates parece tener razón al haber relacionado los síntomas propios de los melancólicos con los dos principales: el temor y la tristeza. Es como consecuencia de esta tristeza que los melancólicos odian todo lo que ven y parecen continuamente apenados y llenos de miedo, como los niños y los hombres ignorantes que tiemblan en una oscuridad profunda”.  [12] 

            Fundamentando sus concepciones en la teoría de Hipócrates, reconfirma, y deja así para la posteridad la definición de melancolía. 

            Los siguientes son algunos de sus aportes y elaboraciones teóricas:

La bilis negra y la flema tenían una forma normal y otra anormal. En cantidades óptimas, las formas normales eran útiles para el cuerpo. Las formas anormales, en cambio, o un exceso de las normales producía enfermedades crónicas. Sin embargo, los cuatro humores en sí mismos no eran las unidades básicas en el sistema teórico de Hipócrates sino las cualidades a ellos asociadas: caliente, frío, seco y húmedo. La forma en que éstas se asociaban determinaban el funcionamiento del organismo. Un daño en alguna de las cualidades determinaba una enfermedad. De estas cualidades, Galeno derivó la teoría de los nueve temperamentos. Es de destacar, y esto vale también para los autores precedentes, que el concepto de temperamento es diferente de lo que hoy se entiende por tal (en relación a factores psicológicos). Se lo usaba en el sentido de carácter corporal o tendencias físicas características de determinado individuo. Estos distintos temperamentos, determinaban las enfermedades a que era proclive cada uno y la conducta y emociones a las que se inclinaría. El temperamento ideal estaba conformado por un equilibrio entre las cuatro cualidades; había cuatro en los que predominaba una de cada una de estas cualidades, y los cuatro restantes eran los del sistema de Hipócrates de cualidades emparejadas: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático.

            Su concepción de los destinos de la bilis negra en el cuerpo era sumamente detallada.  La causa de la melancolía dependía de un exceso de ésta en la sustancia cerebral; el humor melancólico era un estado espesado de la sangre semejante a la bilis, el cual, evaporándose en el cerebro, causaba los síntomas melancólicos que afectaban la mente.

            Concebía tres tipos de melancolía que serían los retomados por los autores de la Edad Media, a saber: 

1.  Enfermedad principalmente cerebral, con sólo un exceso local de bilis negra.

2.  El cerebro sólo es afectado secundariamente y es toda la masa de la sangre la afectada, lo que produce el oscurecimiento de la piel. La dificultad aqui estaba en el poder de atracción del bazo, por lo cual la bilis negra prevalecía en todo el cuerpo.

3.  En el otro tipo secundario, lo afectado era la región abdominal superior, con los consiguientes problemas digestivos y de flatulencias, habiendo inflamación en el estómago por lo que la evaporación atrabiliaria producía síntomas melancólicos en la mente debido a su ascensión al cerebro.

            Recapitulando entonces qué fue de la bilis negra en la Antiguedad, encontramos ciertos rasgos compartidos por los distintos autores y otros en los que hay marcada divergencia:

            La naturaleza de la enfermedad es sin duda fisiológica y aquí se ubica la teoría de los humores como fundamento, en tanto incluso quienes se separaban de ella en la consideración de la etiología, postulaban una causalidad en el campo de lo físico.

            Las descripciones clínicas son tan heterogéneas que vuelven a la melancolía una de las entidades más difíciles de captar.

Ciertos signos poseen permanencia en las descripciones: lo sombrío y la preocupación, la ausencia de fiebre, el insomnio constante y la alternancia contingente con buen ánimo. 

            Tomamos como característica de este período la definición que Hipócrates hace de la melancolía, en tanto los signos allí descriptos se vuelven patognomónicos para este y los siguientes períodos históricos y porque es la retomada por los autores más importantes: “Si el miedo y la tristeza duran mucho, es melancolía”.

Nos llama la atención aquí el hecho de traer a colación el tiempo de duración de los síntomas y no podemos dejar de vincular esto con lo que sucede hoy con la idea de “trastorno” propia del DSM IV, concepto que toma como uno de los rasgos principales para la delimitación de una entidad clínica, la medida temporal en que los síntomas se encuentran presentes. Vemos así, por ejemplo que para el diagnostico episodio depresivo mayor los sintomas deben persistir por más de dos meses.

            Retomando la cuestión de las causas, se deja totalmente de lado en la Antiguedad lo refente al campo de lo subjetivo, la alteración del humor se refiere a los humores en sentido físisco y a una cantidad que es en exceso o en déficit. Como correlato, el tratamiento es de índole mecánica, es decir se opera sobre el cuerpo del enfermo introduciendo o extrayendo sustancias para compensar el desequilibrio humoral. Esto nos remite a los criterios que hoy se tienen en cuenta para la administración de antidepresivos: Su prescripción se decide en base a una teoría psicofarmacológica según la cual un déficit físico provoca determinado estado de ánimo y ese efecto es el que hay que eliminar, suprimiendose así, a igual tiempo, lo que pudiera vincularse con la determinación singular del trastorno.

            Aunque en términos estrictos Aristóteles no forma parte de la tradición médica, éste tomó la teoría de los humores para formular el Problema XXX. La pregunta que este autor se hacía era la de por qué todos aquellos que han sido eminentes en la filosofía, la política, la poesía o las artes eran manifiestamente melancólicos y algunos hasta el punto de padecer ataques causados por la bils negra. Al respecto dice Jackson:

“Dentro del marco de la teoría humoral, el autor bosquejaba un esquema en el que habia personas normales que sí tienen bilis negra pero en cantidades proporcionadas y una mnoria que tiene un evidente exceso de bilis negra en un equilibrio relativamente estable. A estos últimos se les adjudicaba un temperamento melan [13] cólico y se creia que tenian una tendencia a tener dotes especiales como consecuenca de ello.” 

Los factores antinaturales

            Se denominaba así, en la medicina antigua a un grupo de seis factores ambientales considerados adquiridos, cuya existencia desproporcionada era pasible de producir diferentes enfermedades. Estos eran: aire; ejercicio y descanso; sueño y vigilia; comida y bebida; excreción y retención de cosas superfluas y pasiones o perturbaciones del espíritu.

            Si bien no se conoce con exactitud el origen de esta teoría, ya Galeno nombraba estos factores, pero se supone que eran anteriores a él. Según su uso o abuso, determinaban la salud o enfermedad y en tanto el ser humano está permanentemente expuesto a ellos en su vida diaria, los tratamientos médicos versaban en el control y prescripción de los seis antinaturales, cuestión aun vigente.

            Esta doctrina, era paralela a la teoría de los humores en la explicación de la salud y la enfermedad. De hecho, muchos de los autores citados mencionaban estos factores.

            Al introducir a las pasiones dentro de los seis antinaturales, aparece entonces la posibilidad de ubicar en el lugar de la causa lo que hasta aquí se vino considerando como síntoma en el campo de la medicina: el miedo y la tristeza. Desde la filosofía sin embargo, es otro el lugar que tienen las pasiones, veamos cual.

Si para la explicación de las enfermedades en la antiguedad grecolatina se clasifica a las pasiones en la categoría de antinatural, esta concepción no es en absoluto ajena a la que por aquellos tiempos sustentaron los diferentes sistemas filosóficos.

Como vimos, hay dos escuelas filosóficas que sirven de base a los planteos precedentes:

La Escuela del Jardín, cuyo principal representante es Epicureo era el fundamento filosófico de la escuela Metodista antes descripta. El ideal epicureo era la liberación del dolor, del deseo desenfrenado y de todos los afectos perturbadores del alma. La imperturbabilidad se convertía en el bien fundamental y por lo tanto las pasiones, y sobre todo sus formas extremas, estaban mal consideradas. Había que evitar todo aquello que condujera a alborotos importantes del alma.

El Estoicismo, es la otra gran escuela filosófica que, contemporánea a la Escuela del Jardín y fundada por Zenón de Citium (335-263 a.c.) se convierte en el fundamento filosófico de la escuela Neumática. En contraste con la concepción aristotélica del control de las pasiones, los estoicos pensaban que había que acabar con ellas. Buscaban la paz interior como bien básico y veían a las pasiones como desórdenes del alma que turbaban a la razón y eran contrarios a la naturaleza. Las pasiones eran definidas como enfermedades del alma, análogas a las del cuerpo. Admitían un tipo de buenos afectos naturales que nacen de la amistad,  el parentesco, etc. y por otro lado los placeres físicos y los dolores en tanto necesarios pero en clara oposición a la excitación y tristeza que los acompañan. Las pasiones eran para ellos, por un lado un estado de sentimiento, y por otro un impulso hacia (o de apartarse de)un objeto y un juicio acerca de ese objeto. En su esquema, había cuatro pasiones básicas: a) el apetito o deseo: inclinación irracional hacia algo; b)  el miedo: rechazo irracional de algo; c) el placer o gozo o alegría: expansión irracional de la mente; y d) la pesadumbre o tristeza: contracción irracional de la mente.

            Según Jackson, desde la época clásica, hasta finales del siglo XVII, la tendencia general fue la de seguir a los estoicos en la búsqueda de una reducción, clasificación y definición lógica de las pasiones. Se estableció así la tristeza como una de las pasiones básicas y además el estoicismo colaboró en el reconocimiento de la antítesis entre exaltación y melancolía.

            Más  que dar cuenta de las diferencias, nos interesa marcar qué tienen en común estas dos escuelas filosóficas:

¨ Ambas surgen  como contrapartida a la metafísica propia de los sistemas filosóficos de Platón y Aristóteles. Siendo materialistas, rechazaban toda concepción que no se ajustara a la física, a lo material pasible de ser percibido por los sentidos.

¨ Si para ambos, las pasiones toman un lugar importante en sus conceptualizaciones, es sólo para caracterizarlas como perturbaciones y por consiguiente, como algo que debe ser eliminado, siendo contrario a la naturaleza.

            Nos interesa destacar con esto, que incluso en la prehistoria de la medicina, las explicaciones sobre la melancolía tenían un fundamento ideológico : se basaban en un rechazo primario a todo lo que fuera del orden de la pasión, de lo subjetivo.

Respecto de Platón y Aristóteles, son dos los puntos  que de sus obras nos interesa destacar -su concepción de la relación alma – cuerpo, y cómo pensaban las pasiones- en tanto lo que va a caracterizar los siglos posteriores a la antiguedad con relación a la melancolía será la continuación de la teoría de los humores pero retomando la cuestión de las pasiones, lo que conlleva un retorno a las ideas platónicas y aristotélicas. Con ellos, se constituirán dos líneas filosóficas diferenciadas en el tema que nos interesa.

Con su mito del carro alado, entendemos el lugar que Platón le da a la pasión:  “ El alma -dice en el Fedro- es semejante a un carro alado del que tiran dos briosos corceles- uno blanco y otro negro- regidos por un auriga moderador”. El caballo blanco simboliza el ánimo o tendencia noble del alma; el negro el apetito o  pasión baja, bestial; el auriga a la razón que debe regir y gobernar el conjunto. El alma, así representada, vivía en un lugar celeste o cielo empíreo, donde existía pura y bienaventurada antes de encarnar en un cuerpo y descender a este mundo. En la vida celestial de algunas almas, sobrevenía sin embargo una caída. El caballo negro, la pasión, cuyo tirar es torcido y traidor podía en un momento más que el blanco y daba en tierra con coche y auriga. A consecuencia de esta caída, el alma descendía a este mundo y se unía a un cuerpo. Vemos así como, para Platón, el apetito o pasión era lo que debe ser refrendado por la templanza. Vemos en esto las raíces del pensamiento medieval de los afectos concupiscentes e irrascibles. Por otro lado, destacamos que lugar tiene el cuerpo en tanto materia: se trata de algo que se une contingentemente al alma

Aristóteles continuó las ideas de su maestro Platón pero introdujo algunas modificaciones: Postuló dos principios. La forma, heredera de la “idea” platónica, era un principio universal, causa de las perfecciones especificas de un ser y origen de la inteligibilidad. La forma – hombre, justicia- hacen que aquel hombre, este acto justo- sean lo que son hombre, justicia. La materia, en cambio, es un principio pasivo, inerte, origen de la individuación. Por la materia las cosas se hacen concretas. Y no es ya para Aristóteles algo meramente negativo, limitación de ser, como era para Platón, sino un principio o causa del ser que , comunicándose, fundiéndose con la forma, daba lugar al ser existente o sustancia. Así, el hombre era para Aristóteles una unidad sustancial, no una mera unión episódica y accidental del alma y el cuerpo, como lo era para Platón. Lo que resaltamos de esta idea es la estrecha solidaridad en que se encuentran en el hombre los fenómenos psíquicos y los fisiológicos.

  Materia y forma son las dos primeras causas del ser, y éste se divide en dos categorías: sustancia y accidente Es sustancia lo que existe en sí, accidente lo que requiere de otro para existir en él. Por ejemplo, un color, el estar triste no se dan solos, sino en otro, en algo que es rojo o alguien que se entristece. Los accidentes se dividen a su vez en: cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, posición y estado. Así clasificada la pasión, veamos como la define. Según Ferrater Mora:

            “Aristóteles indicaba ya que el ser pasivo no es un modo simple de ser, pues a veces significa una corrupción por un contrario y a veces la preservación de algo que esta en potencia por lo que esta en acto. En todos estos casos, la pasión  no significa necesariamente una perturbación.”  [14]

Vemos aquí como se destaca la pasión en tanto contraria a acción. Siendo una afección, se trata del estado en que algo esta afectado por una acción Es esencialmente entonces un concepto que remite a lo pasivo. El hecho de estar clasificada como un accidente acentúa este carácter: la tristeza, entonces, aparece como algo que se padece pasivamente. De Aristóteles, nos interesa retener esta idea en particular ya que es la que desarrollaremos más adelante con Santo Tomás, autor medieval retomado por Lacan en “Televisión”.


Notas


[1] Jackson, Stanley W. Historia de la melancolía y la depresión, p. 20

[2] SmithKline Beecham, Ambitos de la melancolía, Fascículo 1.

[3] Jackson, Stanley W. , op. cit., p.20

[4] Jackson, Stanley W., op. cit., p. 42

[5] Ibid., p. 41

[6] Jackson, Stanley W., op. cit., p. 43

[7] Jackson, Stanley W., op. cit., p. 41

[8] Ibid., p.41

[9] Ibid., p. 46

[10] Jackson, Stanley W., op. cit., p. 46

[11] Ibid., p. 46

[12] Jackson, Stanley W., op. cit., p. 48

[13] Jackson , Stanley W., op. cit.,p.39.

[14] Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, p. 2714

 

Fuente: Universidad Nacional de Mar del Plata. Facultad de psicologia. Trabajo de investigación correspondiente al requisito curricular según plan de estudios O. C. S. Nº143/89. Supervisor: Lic. María Teresa Bertolami. Cátedra de radicación: Desarrollos del psicoanálisis. 6 de diciembre de 2000. Esta monografía es propiedad de las alumnas Ana Paula Cabaleiro, Guillermina Fernandez Mugetti y María Paula Saenz de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata y no puede ser publicada en todo o en parte, o resumirse, sin el consentimiento escrito de las autoras.

El autor de este Sitio agradece expresamente la confianza y el lugar que le han dado las autoras de este trabajo. Gerardo Herreros

  Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar