¿Filosofía del arte o historia de la mentalidad melancólica?

SANTIAGO LONDOÑO V.

Estudios de filosofía del arte
Jorge Alberto Naranjo,
Colección Autores Antioqueños. núm. 38,  Medellín. 1987, 222 págs.

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Estudios de filosofía del arte

Lejanos están los días en que la literatura antioqueña se preciaba de contar en sus filas a uno de los mas activos ensayistas colombianos, el polígrafo Baldomero Sanin Cano. Mientras ahora proliferan los poetas de minúsculos versos y no dejan de menudear los cuentistas de concurso, el ensayo parece ser un género que por sus exigencias investigativas, interpretativas y aun de imaginación, tiene pocos adeptos en nuestro medio.

Jorge Alberto Naranjo (1949), según reza en la solapa de su primer libro, es ingeniero civil, profesor de la Universidad Nacional (sede de Medellín) y estudioso de la literatura, la filosofía y la historia. Bajo el titulo de Estudios de filosofía del arte presenta un conjunto de cinco ensayos, precedidos de un prólogo escrito por Marta E. Bravo, que, en lugar de servir de puente con el texto, se convierte en una innecesaria divagación acerca de si elogian o no al erudito y admirable amigo, y, de todas maneras, sin querer queriendo, termina por romper el "obligado silencio" que el lazo de amistad impone, etc., etc.

El título sorprende y, es tal vez el primer autor paisa (por adopción) que se atreve a escalar estos terrenos que a primera vista podrían ser más propios para estudiosos extranjeros. Pero no hay duda de que el profesor Naranjo es dueño de amplio repertorio cultural y bibliográfico y posee suficiente sensibilidad e interés por los temas de su indagación, de tal forma que sus estudios son relevantes.

En ellos, más que problemas de filosofía del arte, se plantean historias particulares de las formas de pensar la melancolía, el arte, la ciencia y el amor. Los textos dejan la impresión de que no fueron escritos como partes de un todo, sino como cuerpos independientes, aunque con intereses comunes. En los cuatro primeros capítulos se observa una temática compartida respecto a la melancolía. Ellos son: "La melancolía de Durero", "La estética de Leonardo", "Miguel Angel o la pasión por la noche"y "La delectación melancólica en la poesía de Garcilaso".

El primer ensayo sigue el proceso de formación de la noción de melancolía, acuñada para entender el desajuste emocional del hombre. Todo se originaba, según Isidoro de Sevilla, en la expulsión del paraíso, la cual desató un combate entre los fluidos, desarrollado tanto en el cuerpo humano como en el cosmos. Hasta el Renacimiento y durante la Edad Media, el destino del melancólico, que luchaba en vano por curarse con el flagelo o la música de laúd, era la santidad (pág. 11). A partir de entonces, la melancolía se iría a transformar en prueba de lucidez del afectado; la melancolía en el artista es un don transformable. De allí en adelante, la física, la química y la medicina intervienen, cada una a su manera y con su instrumental para entender la melancolía. Freud construye finalmente el concepto de libido, y queda atrás la idea de la bilis negra, ese humor o fluido causante del mal en el medievo. El descubridor del psicoanálisis caracteriza ahora a la melancolía como un "estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio" (pág. 47).

En "La estética de Leonardo" hay un esfuerzo por tematizar, condensar y reconstituir el pensamiento de ese hombre extraordinario y polifacético que fue Da Vinci. En especial, se destaca su teoría del conocimiento, sobre la que fundó su arte y sus ingentes investigaciones, que lo llevaron a considerar la pintura como una ciencia maravillosa, hecha posible por la luz, el ojo y el artista y su saber, estructurado sobre la experimentación.

Miguel Angel, en el tercer ensayo,  aparece como presa de la "delectación melancólica", y es un caso particular de los genios melancólicos renacentistas. Fragmentos de cartas, un poema y la biografia, son los documentos utilizados para establecer la pasión por la noche del Buonarroti. El cuarto capítulo es un estudio sobre las formas de pensar y expresar el amor cortesano, a partir de la poesía de Petrarca y Garcilaso de la Vega. Según Naranjo, "el amor cortés es una interacción a distancia. La atracción de los cuerpos no los aproxima, los hace orbitar en torno de un centro inencontrable para cada uno de los amantes. Aquí una caricia, el mero roce de los vestidos, tienen la intensidad de la cópula" (pág. 143).

Por último, "Variaciones en torno a Pedro Páramo" es un estudio que, por el tema y el enfoque, disuena de los anteriores, pues se da un salto temporal y metodológico. Se trata aquí de un análisis de contenido y de la estructura temporal de la novela de Juan Rulfo, que se interna a veces en intrincadas disquisiciones. En gracia a la unidad temática del libro -y no a su calidad- bien podría haberse prescindido de este texto.

Sólo al final viene a confirmarse que el propósito de la obra no es tanto la filosofia del arte al estilo del siglo XIX, como el seguimiento de las formas de pensar, sentir, expresar y sobrellevar la melancolía, esa afección que desde el año 633 se intenta explicar por medio de la teoría de los humores, alcanza a manifestarse de manera diversa en los genios renacentistas, e invade al amor, esa fuerza que, con el nombre de libido, Freud descubriría tras la cuna del padecimiento melancólico.

Naranjo no polemiza ni critiea. No hay, por fortuna, mareos teóricos ni aclaraciones metodológicas, aunque, por supuesto, el autor tiene su teoría y su metodología, pero se las reserva en un saludable gesto de pudor intelectual.Tampoco hay una trama, un desenlace o unas conclusiones. A la manera del arqueólogo, va encontrando las piezas incompletas de un templo derrumbado. Junta sus partes, se apoya en vestigios y otras referencias, y reconstruye un discurso, donde el especialista a veces podrá notar, como en las piezas restauradas, las grietas o las partes faltantes. La reconstrucción no está afectada por el humanismo de los filósofos del arte, ni por las preocupaciones morales o "estéticas". El autor se mueve con soltura en el campo del historiador de las ideas, y el arte, sea la pintura o la poesía, es un documento fundamental del archivo de las formas de pensar y sentir.

Este libro de Jorge Alberto Naranjo es como un hijo con nombre impropio, pero en sus partes está hecho como se debe: con amor, pasión y conocimiento.

Fuente: Boletin Cultural y Bibliográfico   Número 15,  Volumen XXV,   1988

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Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar