La Posición depresiva en Melanie Klein


Referencias Lacanianas

1.-  ...Así, en este boletín se encuentra un artículo de los señores Pasche y Renard con la reproducción de la crítica que hicieron de las posiciones kleimanas en el congreso de Ginebra. Le reprochan a Melanie Klein una teoría del desarrollo que, según ellos, lo pone todo dentro del sujeto, como si estuviera preformado. Todo el Edipo con su desarrollo posible estaría ya incluido en lo instintivo, y los distintos elementos, ya articulados potencialmente, no tendrían más que ir surgiendo. Los autores proponen compararlo con la forma en que, para algunos, en la teoría del desarrollo biológico, el roble estaría ya contenido enteramente en la bellota. A un sujeto así, nada le vendría del exterior. Al principio habría las primitivas pulsiones agresivas—en efecto, la agresividad prevalece manifiestamente en Melanie Klein, si se entiende en esta perspectiva—, luego los contragolpes de estas pulsiones agresivas, experimentadas por el sujeto como provenientes del exterior, o sea del campo materno, y, a través suyo, la progresiva construcción de la totalidad de la madre, que, nos dicen, sólo puede ser concebida como un esquema preformado, a partir del cual se instaura la supuesta posición depresiva. Seminario 4. Las relaciones de objeto. 12/12/56

2.- Esta distinción entre el seno y la madre como objeto total la hace Melanie Klein. Ella distingue ciertamente los objetos parciales, por una parte, y por otra la madre, instituida como un objeto total, y crea en el niño la famosa posición depresiva. Es una forma de ver las cosas. Pero así se elude algo, y es que estos dos objetos no son de la misma naturaleza. En efecto, resulta que la madre, como agente, es instituida por la función de la llamada —que la madre es tomada, ya en su forma más rudimentaria, como un objeto marcado y connotado por la posibilidad de un más o de un menos, como presencia o ausencia —que la frustración realizada por cualquier cosa relaciónada con la madre es frustración de amor —que todo lo que proviene de la madre en respuesta a esta llamada es don, es decir, algo distinto que el objeto. En otros términos, hay una diferencia radical entre, por una parte, el don como signo de amor, que apunta radicalmente a algo distinto, un más allá, el amor de la madre, y por otra el objeto, sea cual sea, que viene a satisfacer las necesidades del niño.  Seminario 4. Las relaciones de objeto. 16/01/57

3.- Como acabo de hacer una rápida alusión a la posición paranoide, tal como la señora Melanie Klein la llama, añadiré que la posición depresiva, que según ella ya se esboza por entonces, podemos sospechar que no carece de relación con la omnipotencia. Es una especie de anonadamiento, una micromanía, lo contrario de la megalomanía. Pero cuidado con ir demasiado aprisa, porque ello no resulta únicamente de que la madre, surgida como omnipotente, sea real. Para que la omnipotencia real engendre en el sujeto un estado depresivo, es necesario además que pueda reflexionar sobre sí mismo y sobre el contraste de su impotencia. La experiencia clínica permite situar este punto alrededor de ese sexto mes, destacado ya por Freud, cuando se produce el fenómeno del estadio del espejo. Seminario 4. Las relaciones de objeto. 27/02/57

4.- Al mostrarnos lo primordial de la "posición depresiva", el extremo arcaísmo de la subjetivación de un kakón, Melanie Klein hace retroceder los límites en que podemos ver jugar la función subjetiva de la identificación, y nos permite particularmente situar como absolutamente original la primera formación del superyó. Escritos. La agresividad en psicoanálisis


Depresiva (posición). Diccionario Roudinesco

Concepto creado por Melanie Klein desde sus primeros trabajos, «la posición depresiva infantil es la posición central del desarrollo. El desarrollo normal de un niño y su aptitud para amar parecen depender, en gran medida, de la elaboración de esta posición decisiva» (1935).

Durante los primeros meses, una parte esencial de la vida emocional del bebé está determinada por la lactancia. Sea cual fuere la calidad de los cuidados, ella se caracteriza por la sucesión y repetición de experiencias de pérdida y reencuentro. Así nace en el niño el sentimiento de que existe un objeto «bueno» (pecho, madre) que gratifica y es amado, y un objeto «malo », perseguidor, que frustra y es odiado. Paralelamente a estas experiencias que implican factores externos, los procesos intrapsíquicos (sobre todo la proyección y la introyección) contribuyen a reforzar el clivaje del objeto primitivo: «El bebé proyecta sus mociones amorosas y las atribuye al pecho gratificador ("bueno"), así como proyecta al exterior sus mociones destructivas y las atribuye al pecho frustrante ("malo"). Al mismo tiempo, por introyección, se constituyen en su interior un pecho "bueno" y un pecho "malo"» (1943). Este clivaje es un mecanismo de defensa característico de la posición esquizo-paranoide: consiste en mantener al objeto perseguidor y terrorífico separado del objeto amado y protector, posibilitando así al yo una relativa seguridad; en este sentido, es la « ... condición previa a la instauración de un objeto bueno» interno (1957), a la cual llegará el yo una vez elaborada la posición depresiva.

Si bien Klein modificó un poco la ubicación cronológica de esta posición, siempre tuvo la preocupación de hacerla comenzar más precozmente (en los primerísimos meses), y sostuvo al mismo tiempo que ella representa un proceso con respecto a la posición esquizo-paranoide. «Inmediatamente antes, durante y después del destete» (1940), « ... llevado a comprender que el objeto de amor es el mismo que el objeto de odio» (1934), el yo comienza a efectuar la síntesis entre esos sentimientos de amor y sus mociones destructivas. Entonces surge la angustia depresiva. Su aparición significa que el yo está accediendo a la posición depresiva, proceso que se inscribe en una duración ligada a la complejidad y a la diversidad de los mecanismos en juego: conciliación de los aspectos bueno y malo de un mismo objeto conciliación del amor y el odio, introyección progresiva de la madre como objeto total, etcétera.

La introyección de la madre como objeto total genera « ... inquietud y dolor ante la destrucción posible de ese objeto» (1940). En adelante, el pequeño experimenta el sentimiento de una «pérdida del objeto del amor», a la vez temor de perder el objeto amado y de no ser capaz de proteger su objeto bueno interno. Se alcanza la posición depresiva cuando la angustia por la posible pérdida del objeto amado toma el relevo (sin reemplazarla nunca totalmente) de la angustia de ser perseguido por el objeto terrorífico. Pero, mientras que la angustia de persecución de la posición esquizo-paranoide se relacionaba con los peligros que amenazaban aniquilar al yo, «la angustia depresiva se relaciona con los peligros que son experimentados como amenazando al objeto amado interno, y esto principalmente por la agresividad del sujeto» (1949). Temiendo que el objeto amado sea dañado o destruido por su odio, el niño experimenta «.. un sentimiento de culpa y la necesidad imperiosa de reparar» (1957). La «tendencia a la reparación» característica de la posición depresiva, es la consecuencia de ese sentimiento de culpa.

Para tratar de huir de los sentimientos ligados a las angustias específicas de la posición depresiva, el yo puede utilizar tanto defensas maníacas (idealización, negación) como obsesivas, o regresar a la posición esquizo-paranoide, reactivando los procesos de clivaje.

La posición depresiva se considera «elaborada» cuando el pequeño se ha identificado con su objeto de amor. Esta elaboración implica que « ... se atenúa el temor de haber destruido al objeto en el pasado y de que pueda ser destruido en el futuro» (1957). Implica también « ... una confianza más grande en el objeto bueno interno», la cual genera un sentimiento de seguridad interior. Por ello aparece como « ... una de las condiciones previas a la existencia de un yo estable e integrado y de buenas relaciones de objeto» (1955). No obstante, nunca es posible la integración completa y definitiva del yo; «ese duelo precoz es revivido cada vez que, más tarde, se experimenta una pena» (1940): entonces se reactiva la posición depresiva, pero si ella ha sido elaborada en el curso del desarrollo precoz, el sujeto puede hacer frente a esa resurgencia y reconstruir su mundo interior.

La comparación así planteada entre la elaboración de la posición depresiva y el trabajo del duelo tiene una implicación triple.

-Por una parte, la evolución de un duelo y su salida, normal o patológica, están determinadas en el adulto por la manera en que el recién nacido ha superado la pérdida de su primer objeto de amor, es decir, en que ha elaborado o no su posición depresiva: «el duelo incluye la repetición de la situación emocional que el bebé experimenta en el curso de la posición depresiva». Confrontado a un duelo, el adulto se vuelve a encontrar frente a una tarea semejante a la que enfrentó en el curso de su desarrollo precoz. Para cumplirla, utilizará mecanismos idénticos, por su naturaleza y eficacia, a los que puso en obra en aquel momento. Dicho de otro modo, el trabajo consecutivo a las pérdidas ulteriores se realizará, tanto en su éxito como en su fracaso, siguiendo el modelo de la primera elaboración.

-Por otro lado, y como consecuencia, «la posición depresiva comprende los puntos de fijación de los trastornos maníaco-depresivos» (1959). El fracaso en la elaboración de la posición depresiva, vinculado sobre todo al predominio de la defensa maníaca, es una causa determinante de la instauración de esos trastornos: el enfermo maníaco-depresivo nunca «ha superado verdaderamente la posición depresiva infantil» (1940).

-Finalmente, esta comparación pone en perspectiva las razones por las cuales para la comprensión de la problemática depresiva es indispensable tomar en cuenta el concepto de posición depresiva.

Esta triple implicación justifica por sí misma el lugar central otorgado por Klein a la posición depresiva en el desarrollo del funcionamiento psíquico. Ella aclara además la elección del término «posición», destinado a indicar que las angustias y las defensas que aparecen desde los primeros meses pueden reaparecer a lo largo de toda la vida, en función de las circunstancias ( 1943).

  Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar