Sida, stress, depresión

Paola Duchên. Psicoanalista

Comentario al libro de Carlos Fernández

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Este libro que publica Carlos Fernández del Ganso, psicoanalista, trabaja la depresión, el stress, y el SIDA como tres formas clínicas de la melancolía. Interesante hipótesis de trabajo que despliega a través de los cuatro capítulos de que consta el libro.

Prologado conjuntamente en un diálogo con Juan Carlos de Brasi, es un excelente comienzo para todo aquel que quiere acercarse a la clínica psicoanalítica y ver cómo trabaja un psicoanalista.

La escritura es la puesta en juego de la formación del psicoanalista.

La formación del autor, médica y psicoanalítica, determina esta escritura que pretende acercarse a un segmento de la población muy amplio. Es una lectura muy recomendada para los trabajadores de la salud, así como para los propios interesados.

¿Quién no ha padecido o conoce alguien que haya padecido alguna vez depresión o stress? La depresión es la plaga de este tiempo. No sólo se muestra tal cual, sino que puede aparecer enmascarada con frecuencia bajo otros cuatros clínicos como son las afecciones psicosomáticas, accidentes laborales, disfunciones sexuales, rendimiento escolar inadecuado y otros síntomas inespecíficos. Tan sólo un 2% llega a las consultas. Un psicoanalista puede interpretar como depresión los frecuentes problemas que llegan a una consulta médica y que no son señalados como tal. En ese sentido se hace necesario que un médico generalista, por ejemplo, tenga la información necesaria sobre el tratamiento psicoanalítico para poder derivarlo a la consulta de un psicoanalista, donde pueda tener  tratamiento.

El autor, consecuentemente con su formación psicoanalítica, se declara en contra de que el tratamiento para atender a la depresión sea exclusivamente farmacológico. El paciente puede o no tomar medicación, pero tiene que saber que, sin tratamiento psicoanalítico, no hay posibilidad de tratamiento de la depresión. La ignorancia puede producir enfermedad y a veces la muerte, nos dice. Transformar siglos de ignorancia, cuando justamente este tipo de enfermedades pueden ser tratadas psicoanalíticamente. Un dato curioso es que en el 99% de las enfermedades psicosomáticas existen signos de depresión. En el 90% de los cánceres hay antecedentes de depresión sin tratar, quince o veinte años antes. En el cáncer de colon, por ejemplo, se podría hablar de un lento suicidio por no atender adecuadamente a la depresión. El depresivo, el suicida es un asesino tímido que, queriendo acabar con lo que le duele, al tenerlo incorporado en su yo de manera inconsciente, se equivoca y se autoasesina. Por eso que todo médico, todo trabajador de la salud, tendría que leer este libro. El deseo hay que producirlo y esto no se consigue sin trabajo. Lo que posibilita la producción de deseo es la interpretación psicoanalítica. Eso que va a puntuar el deseo y va a producir un sujeto que tenga que ver más con la salud que con la enfermedad.

Al autor le resulta curioso que el nombre de la institución que atiende lo sanitario sea «Ministerio de Sanidad y Consumo». Y cuando el término salud aparece en un centro ambulatorio lo hace bajo el epígrafe INSALUD.

Los textos freudianos trabajados por el autor dan cuenta de su lectura del tema. Textos que van trabajando la concepción del autor sobre la salud y la enfermedad. Así cuando trabaja el stress, lo hace desde la angustia y la melancolía. El stress, como la cara maníaca de la melancolía, donde la angustia en lugar de señal se transforma en otra cosa.

En el caso del SIDA, una enfermedad que se convierte en el mal del siglo porque cristaliza, simboliza incluso, la manera en que nuestra sociedad vive colectivamente el miedo y la muerte. En este sentido, la enfermedad importa por tanto por sus efectos imaginarios como por sus efectos reales.

En el Sida acontece un mecanismo de autoagresión, una depresión del sistema inmunitario.

Para el autor, el SIDA es una inmunomelancolía. Más que enloquecer, son células asesinas que atacan aquello que embriológicamente supuso un sostén de lo hereditario, que no genético, el sistema inmunológico.

En la última parte, los casos clínicos presentados, uno en unas jornadas y otro en un Congreso, muestran la implicación del autor en su formación como psicoanalista, su trabajo analítico con pacientes en supervisiones públicas.

Psicoanalista, paciente, supervisor, es el trípode de esta producción de sujeto, de esta nueva manera de ver el proceso de enfermar y la producción de salud.

Preocupado por la formación del psicoanalista, el autor nos dice que la dirección de la cura significa que el psicoanalista no dirige la vida del paciente, el psicoanalista lo que debe es cuidar su formación.

Eso le va a hacer bien al paciente. Porque la formación es singular, en todos los casos el psicoanálisis del profesional es un lugar permanente y exigido de la formación.

Muestra del trabajo realizado por este psicoanalista, este libro que la Editorial Grupo Cero pone en circulación, da cuenta en este acto que el psicoanálisis es un hecho exquisitamente social.

Fuente: http://www.extensionuniversitaria.com/num36/pg1.htm

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Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar