José María Arguedas

A los 30 años de su ausencia, podemos señalar que las contribuciones más substanciales de Jose María Arguedas fueron su narrativa andina y sus ensayos sobre folklore, etnología, antropología y cultura indigenista. Ello le mereció importantes premios y es objeto de numerosos estudios literarios y sociológicos. Intenté realizar hace algunos años, en Argentina, una investigación a fin de precisar cómo los aspectos sexuales de su infancia contribuyeron a desencadenar una patología depresiva que lo llevó finalmente al suicidio, pero las limitaciones que daban la distancia y la ausencia (en ese entonces) de estudios sobre el tema hicieron que desistiera de este primer intento. Han sido, entre otros, los trabajos de Cornejo Polar, Martín Lienhard, Willian Rowe, Flores Galindo, Mario Vargas Llosa, y las cartas editadas por John V. Murra, los que han enriquecido el análisis de la obra arguediana y nos permite efectuar ahora este artículo, que es el resumen de un trabajo mayor próximo a publicarse.

Las patologías psiquátricas emergentes en la adolescencia tienen generalmente sus orígenes en la infancia. En Arguedas esto es evidente. Nació en Andahuaylas en 1911, su padre, Víctor Manuel, era abogado de origen cuzqueño y su madre, Victoria Altamirano, señora principal de San Pedro de Andahuaylas, desafortunadamente murió en 1914, cuando él no había cumplido aun los tres años de edad, "Yo no me acuerdo de mi mamá. Esa es una de las causas de mis perturbaciones emocionales" afirmaba. En 1917 su padre se casa por segunda vez, se instala en Puquio, luego en Lucanas y empieza a viajar por todos los pueblos de la zona en busca de trabajo, su hermano viaja a Lima y José María queda tres años con su madrastra y un hermanastro, con los que vivió experiencias terribles. Pablo Pacheco, el hermanastro, diez años mayor que él, era el prototipo del gamonal serrano, cruel, prejuicioso, abusivo y racista. Como era además exhibicionista y sádico, obligó a Arguedas a presenciar sus abusos sexuales y lo relegó a la posición de uno de los sirvientes indios de la casa, rol que abandonaba sólo cuando llegaba su padre, y al partir éste volvía a dormir en la cocina en una batea sobre un pellejo lleno de piojos, a cortar alfalfa en las madrugadas, regar los sembríos en las noches y recibir raciones miserables de comida. Su refugio y amparo fueron los indios y las indias de la servidumbre que "vieron en mí exactamente como si fuera uno de ellos, con la diferencia que por ser blanco acaso necesitaba más consuelo .. y me lo dieron a manos llenas".

Entre 1923-1926, viajó con su padre por la sierra sur, y luego quedó definitivamente en Ica. Aquí tuvo una experiencia traumática, se había enamorado de Pompeya, una muchacha iqueña, quien terminó por despedirlo con un desplante racista: "no hago el amor con serranos". Después de vivir en Huancayo y Yauyos, otro hecho dramático acontece en su vida, en enero de 1932 fallece su padre. Un año antes había ingresado a estudiar en San Marcos.

Arguedas vivió también los conflictos sociales, culturales y políticos que se dieron en su época. Se decepcionó con la deserción ideológica de algunos dirigentes comunistas que se pasaron a la extrema derecha. Sus responsabilidades como Director de la Casa de La Cultura estuvieron en muchos casos llenos de las incomprensiones burocráticas tan arraigadas en nuestro país.

En 1937 sufrió un año de prisión por su militancia antifascista y en 1949 es despedido injustamente como docente del Colegio Guadalupe. La crítica hacia algunas de sus obras fue muchas veces injusta, estuvo dominada más por criterios políticos que los propiamente literarios. La publicación previa de los "diarios" de su última novela, en los que emite juicios sobre otros escritores latinoamericanos, le generó ataques personales y una polémica que afectó su sensibilidad provinciana. El proceso cubano, la guerra de Vietnam, y el gobierno de Velasco, fueron motivo para determinar y tomar posiciones que muchas veces resultaron controversiales.

Su primer matrimonio con Celia Bustamante, contribuyó, en algunos momentos, a acentuar su angustia y frustación. Sobre su primera esposa y cuñada decía "me trataron durante 14 años casi como una pertenencia sin derecho ni a voz ni a voto... en una ocasión estuve muy cerca de lanzarme al balcón y de clavarme un cuchillo.. porque en esas horas en que me celaba tan injusta e implacablemente me echaba a llorar.."

Otro aspecto que es necesario explorar es el componente familiar en el fenómeno afectivo de Arguedas. Entre los años 76-78, que llegamos a Chimbote, tuvimos la oportunidad de conocer y compartir algunos años de trabajo con familiares directos de él, que junto con su hermano Arístides, vivieron en Chimbote y en Caraz. Respetando algunos aspectos familiares de su vida que se nos ha confiado, debemos señalar que el problema depresivo se dio también en otros miembros de la familia. Las cartas a sus hermanos Arístides y Nelly, próximas a ser publicadas, podrían darnos más luces sobre este aspecto.

Aunque su narrativa es rica en presentar la realidad-mágico-religiosa de la cultura andina, en gran parte de ella son revelados los sucesos traumáticos que iniciaron sus dolencias. Junto a un mundo lleno de los goces de la naturaleza -ríos, árboles, plantas, cerros, pájaros- y la embriaguez de la música, ritos y costumbres, existen repetidas escenas de violación, de agresión y de injusticia. El sexo es presentado como un acto brutal y sucio, como en "Warma Kuyay", "El horno viejo" y "Los gallos" donde recrea la crueldad de las experiencias sexuales de las que fue testigo. María, la prostituta de "El forastero" es la descripción del sexo mezclado con el hambre, el abandono, la enfermedad y la muerte. En la realidad ficticia que describe, el sexo se ha convertido en manifestación desvastadora de la violencia que habita en el mundo. En su novela "El sexto" relata las frecuentes escenas de violaciones homosexuales que pudo observar en esa realidad carcelaria. Otra imagen de la mujer pura, asexuada, se revelan en los personajes Justina, Adelaida o Hercilia de sus relatos.

En su última novela "El zorro de arriba.." el sexo aparece como manifestaciones repelentes, representando lo más sucio de la sociedad chimbotana. Algunos autores, como Lienhard, han visto en ello una similitud con los zorros descritos en "Dioses y Hombres del Huarochirí". En la novela cada uno de los zorros representaba no sólo los espacios geográficos sino las zonas sexuales de la mujer, lo visible y lo oculto. El diálogo que se describe al final del "Primer diario" es revelador en ese sentido. Este texto simbólico tiene como punto de partida el traslado del futuro narrador del mundo de arriba al mundo de abajo. Desde su niñez, una experiencia sexual es la causa del viaje, pero su madurez lo lleva al mundo de abajo. Existe una equivalencia entre el sexo femenino (la sexualidad) la unión de la Virgen y la planta Ima Sapra (animismo) y el hierro (producción industrial-capitalismo).

Las depresiones son cuadros en los cuales la perturbación fundamental consiste en una alteración del humor. En Arguedas, su depresión cíclica estuvo marcada por períodos de elevación de su ánimo en los que pudo producir gran parte de su obra. Para Freud, algunas de las formas de depresión, que las calificaba como "duelo" y las diferenciaba entre el "normal y patológico", la persona que lamenta la pérdida de un ser amado, propiedad o creencia ideológica, se siente triste, perdido y por momentos incapaz de disfrutar nada. Después de la pérdida, la líbido es retirada del objeto amado e investida al sujeto. Este se retrae, se siente culpable por pecados de omisión y comisión hacia la persona perdida y agresión por sentirse abandonado. La muerte temprana de la madre y la continua ausencia del padre generaron una ambivalencia afectiva. Segun Freud la realización poética (literaria) es la consecuencia de la sublimación de los impulsos eróticos. La depresión de Arguedas, sólo puede ser entendida fundamentalmente por sus orígenes en las etapas tempranas del desarrollo y en el área de la sexualidad. El Arguedas-niño y el Arguedas-adulto, fueron esencialmente un llanto que infructuosamente pidió amor.

En su novela "El zorro.." señala como origen de sus males, "en mayo de 1944 hizo crisis una dolencia psíquica contraída en la infancia". Los cuadros se repitieron en otras épocas de su vida y lo llevaron a pedir licencia de trabajo por largos períodos o renunciar al mismo. Un síntoma que siempre lo acompañó y por el que tuvo que tomar medicación permanente fue el insomnio. Otros, revelados en sus testimonios y cartas, fueron la cefalea, y la fatiga por la lectura que le había impedido por largos años asimilar documentos importantes.

Dentro de su sintomatología psicosomática una de las más relevantes fue "la sensación de impotencia viril que me produce esterilidad intelectual". Pocas veces Arguedas describe, haber logrado una relación sexual efectiva, pero confiesa, algunos logros como "el encuentro con una zamba gorda, joven, prostituta, debió ser el toque sutil, complejísimo, que mi cuerpo y alma necesitaban para recuperar el vínculo con todas las cosas y me devolvió eso que los médicos llaman "tono de vida".."

Sus ideas suicidas aparecieron desde niño y el primer intento fue en abril de 1966 cuando ingirió treinta y siete pastillas de Seconal. A inicios del 60 había sufrido un grave accidente de tránsito que reavivó su depresión y angustia. En carta del 21-05-60, afirma "hace unos diez años tenía suficiente energía para hacer frente a esta clase de luchas, pero las desventuras de mi niñez y mi débil constitución nerviosa me han invalidado". A pesar de ello, pone fin a una etapa de silencio creativo y publica después del 58 "Los ríos profundos", en el 61 "El sexto" y en el 64 "Todas las sangres".

En carta fechada en Guatemala el 28-05-61 manifiesta "estoy sumamente preocupado con mi pobre salud. Vine en malas condiciones ... los primeros quince días estuve luchando contra la depresión que padecía.." En otra correspondencia a su psiquiatra chilena el 7-05-62, manifiesta otro ánimo producto del tratamiento llevado con esta doctora, pero no deja de manifestar que "en cuanto a mis molestias físicas la única que no he podido superar es el insomnio". En 1962 Arguedas se enamora en Chile de una mujer casada, Beatriz, con la cual establece una corta relación afectiva. En carta del 3-7-62 a su psiquiatra le expresa "Sus cartas (de Beatriz) y la contemplación de su fotografía purifican mi alma y mi cuerpo en forma que constituye un milagro.¡No sabia lo que era el amor no lo sabía!. Sus palabras y su imagen ahuyentan el principal demonio que me aterrorizaba y corrompía o pretendía corromper mi alma: las tentaciones sexuales cuya conclusión no me producían sino asco en el mundo... Había una tendencia suicida a entregarme a esos demonios cuando más deprimido me encontraba y cuanto más difícil me parecía afrontar la vida". Poco después conoce a Sybila con quien establece una segunda relación matrimonial.

Sus cambios eran inesperados, en carta a J. Murra fechada el 15-8-62 expresa "durante mis dos meses de estadía en Chile pude, con el auxilio de una prodigiosa psicóloga, salvarme de mis principales trastornos nerviosos, y la depresión mortal que me afligía..". Quince días después en carta a su psiquiatra fechada el 31-8-62 manifiesta "Despertaron nuevamente los demonios que me estaban devorando... mi médico me recetó unas píldoras ...creo que lo mío puede curarse con píldoras sinó con vida".

En diciembre del 62 escribe "dentro de pocos días tendré la felicidad de poner en la primera página: A la Dra Lola Hoffmann a quien debo la resurrección de mi capacidad para el trabajo". En marzo del 63 "he sufrido una inesperada crisis depresiva" y en octubre del 64 "estaba bastante apabullado por una frustración casi inesperada y dolorosa, una pequeña muerte contra la cual me encontraba luchando fieramente".

Para J. Mariátegui, el problema central de la depresión en el mundo contemporáneo es su extensión creciente a tal punto que es el síntoma más universal de la psicopatología y la clínica psiquiátrica. La sociedad actual es profundamente depresógena, es casi un fenómeno social propio. Entre otros escritores contemporáneos que padecieron cuadros semejantes y llegaron al suicidio podemos recordar a Vladimir Maiacovski, César Pavese, Alfonsina Storni, Ernest Hemingway y hace unos meses el poeta español Javier Egea.

A decir de Lain Entralgo "sólo se suicida quien sabe de la muerte, aunque no sepa lo que es la muerte". Honorio Delgado nos señala que la esencia de la depresión es "la pérdida de la libertad, la pérdida de la plenitud radiosa del instante, en cuanto realce, remate y liquidación de lo vivido a la vez que vislumbre, anuncio y comienzo de lo por vivir". Su obra misma es también, como dice el padre G. Gutierrez "una coherente, urgente, dolorosa y -a la postre- esperanzada visión del Perú".

A comienzos del 67 Arguedas inicia, por encargo de la Universidad Agraria, el proyecto de realizar una investigación sobre aspectos folclóricos de la población de Chimbote, pero la misma va a tomar la forma de una novela-testimonio y fue motivo de viajes, investigaciones y de su propia vida durante más de dos años. Las publicaciones, las cartas a sus amigos y las conversaciones con los intelectuales con los que frecuentaba, así como el episodio del 66, revelaban a un hombre que estaba constantemente despidiéndose de la vida. En una de las cartas que escribió al Padre Enrique Camacho de Chimbote, y que publicaramos en la Revista Alborada, fechada en Chile el 2-5-69, escribe "Estos períodos de angustia se hacen cada vez más largos y estoy pensando que si no salgo de éste en que estoy metido en estos días, me iré a trabajar a Caraz". Finalmente, en la última carta a la Dra. Hoffmann fechada el 16-09-69 expresa: "Con la novela trunca en mi mente y en toda mi naturaleza, yo no puedo dictar clases ni investigar...Estoy condenado. Pero he hecho una vida completa, pura y fecunda, ejemplar..". Cuatro días antes, escribe una carta en quechua a Hugo Blanco en la que anuncia su muerte inminente, y un 28 de noviembre del 69 enciende "la última chispa que puedo prender" y aprieta el gatillo del revolver en su sien, falleciendo el 2 de diciembre.

Arguedas narrador, ensayista, etnólogo y finalmente suicida, es producto de una época y de las circunstancias familiares, culturales, sociales y políticas que lo rodearon, pero es también resultado de la actitud de una parte de la intelectualidad peruana que no supo reconocer en ese momento la verdadera dimensión de su obra. De alguna manera se sintió más despreciado e incomprendido que amado. Esto también explica, aunque no justifica, su decisión final. Arguedas fue víctima, como muchos otros, de una sociedad hipócrita, violenta, agresiva, y fundamentalmente depresiva. Una sociedad que a tres décadas de su desaparición no ha cambiado en lo sustancial y sigue siendo el lugar donde, como nos lo recuerda Ernesto Sábato, "extraviado en un mundo de túneles y pasillos, el hombre tiembla, ante la imposibilidad de toda meta y el fracaso de todo encuentro...". Sí como con su desaparición se abre una nueva etapa "la de la luz y de la fuerza liberadora e invencible del hombre", Sábato nos dice como una salida "les propongo entonces con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso... sólo quienes sean capaces de sostener la utopía, serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuánto de humanidad hemos perdido".

Está en nuestras manos cambiar todo ello antes que nos siga destruyendo como lo hizo con José María Arguedas, así sus sueños para reivindicar nuestra antigua y ancestral cultura indígena y construir un país más justo, no serán una utopía arcaica.

Fuente: http://www.rcp.net.pe/rcp/LISTAS/WWWS/LITERATURA/cueva.htm